¿Cómo educar la inteligencia?

La educación de la inteligencia se presenta como la nueva forma de educar. La Teoría de las Inteligencias Múltiples ha abierto nuevos horizontes en los procesos formativos que orientan a jóvenes y adolescentes hacia un mayor aprovechamiento de sus condiciones naturales, a otorgar el mismo valor a ser un diez en matemáticas o un virtuoso del ballet, o a que saber gestionar las emociones propias y entender las de los demás puede conducir al éxito no sólo personal sino profesional.

Nunca se miró tan de cerca las emociones como hoy, ni se prestó tanta atención hacia la capacidad que alguien tiene para gestionarlas. El desarrollo de la Teoría de las Inteligencias Múltiples de Howard Gardner ha abierto un universo hasta hace unos años escasamente explorado y que está modificando la forma que teníamos de entender la inteligencia, la manera en la que estábamos impartiendo docencia  y los mecanismos para hacer frente a los problemas y situaciones que se nos presentan día a día.

Ser inteligente ya no es cuestión de poseer sólo un alto cociente intelectual. Gardner habla de la inteligencia como un kit intelectual de herramientas que todo el mundo posee. “Todos somos capaces de desarrollar las diferentes inteligencias”.

Lo que empezó siendo una teoría fundamentalmente de la Psicología ha terminado teniendo múltiples aplicaciones en el ámbito de la educación y hoy, aunque de manera desigual, comienzan a aplicarse en el escenario educativo español.

Pero ¿qué es la inteligencia?, ¿cómo se educa? Tratando de responder a estas preguntas, el filósofo, ensayista y pedagogo José Antonio Marina explica a aprendemas.com la distinción entre inteligencia y talento: “La inteligencia es una capacidad y el talento es esa capacidad en acción”. Según el filósofo, la función principal de la inteligencia no es conocer sino dirigir el comportamiento a metas bien elegidas. Para conseguir dirigir este comportamiento, la inteligencia tiene que manejar información, buscarla y aprenderla; gestionar las emociones, desarrollar una serie de virtudes de la acción como la tenacidad, soportar el esfuerzo, ser ágil mentalmente o poseer flexibilidad. “Todas esas cosas forman un conjunto muy armónico, porque es cómo está organizado el cerebro humano: un modelo muy sencillo pero integrador y potentísimo”. Una parte emocional y otra parte de conocimiento y memoria dirigida por lóbulos frontales, región cerebral que el neuropsicólogo Elkhonon Goldberg ha acertado en comparar con el director de una orquesta.

José Antonio Marina.

José Antonio Marina.

La educación de la inteligencia posee una implicación directa en el proceso de aprendizaje y la adolescencia representa, para Marina, una segunda oportunidad magnífica para aprender otra vez. Sin embargo, el filósofo cree que se produce una confusión dramática. “Los padres quieren que sus hijos tomen decisiones y asuman responsabilidades. Los docentes también queremos lo mismo, que se organicen, que reconozcan sus fortalezas y debilidades, y los chicos también quieren tomar las responsabilidades de sus actos”. Entonces, ¿por qué no nos ponemos de acuerdo? Marina apuesta por ser claro con los jóvenes: “ha llegado el momento del crecimiento y debéis aprender una serie de cosas”, convencido de que el paradigma de la Adolescencia ha cambiado y que hay que dejar atrás esa percepción negativa de nuestra juventud.

Enrique Martínez-Salanova, profesor, pedagogo, antropólogo y tecnólogo de la Educación, hace hincapié en el proceso y en la forma en que discurre ese aprendizaje. “Podemos aprender de memoria, sin reflexión, pero eso es considerado un aprendizaje de muy bajo nivel. Para que haya aprendizaje tiene que haber concepción de lo que se hace y después, capacidad de aplicarlo a otras situaciones”.

“A la pregunta del profesor ¿me habéis entendido? La respuesta generalizada en el aula es sí”, reproduce Martínez-Salanova. Sin embargo, puede que el entendimiento sea sólo aparente, que realmente no se haya entendido, y que cuando llegue la hora de resolver otro problema similar, el alumno no sepa cómo abordarlo. Es la capacidad reflexiva, inherente al proceso de aprendizaje, la que interviene en ese momento. En su opinión esta no se está incorporando correctamente en el aula, “el sistema educativo no da la oportunidad de volver a preguntar sobre lo explicado el día anterior”, y considera importantísimo en el proceso de aprendizaje la aplicación práctica, “como si estuvieras en un laboratorio, incluso cuando hablamos de emociones”.

Es en ese paso hacia la aplicación práctica donde toma su relevancia el concepto de talento. José Antonio Marina plantea el caso de alguien con un alto cociente intelectual pero que no sabe elegir correctamente sus metas o que es vaga o perezosa, “puede ser muy inteligente pero no ha desarrollado su talento. Dado que la inteligencia está dirigida a la acción, lo que hay que preguntar es ¿lo está haciendo? Si la respuesta es sí, ahí está el talento”.

En ese paso a la acción que debe ejecutar el adolescente es donde el adulto toma relevancia. José Antonio Marina resta responsabilidad a las hormonas y concede importancia al cambio que experimenta el cerebro durante la adolescencia y lo ejemplifica de la siguiente forma: “Al adolescente hay que decirle, hasta ahora has estado conduciendo un ciclomotor, en referencia a su cerebro, y ahora vas a conducir un Ferrari. Conducir un Ferrari está muy bien pero si no aprendes a conducir el golpe va a ser monumental. ¿Quieres conducir un Ferrari? Yo te voy a enseñar”. El adulto (padre, madre o docente), por tanto, deberá formar parte del desarrollo en el adolescente de la Inteligencia Ejecutiva, cuya función principal es dirigir el comportamiento por metas lejanas, tema sobre el que versará el próximo curso que la Universidad de Padres está preparando y que dirigirá el mismo Marina.

Enrique Martínez Salanova.

Enrique Martínez Salanova.

Desde esta perspectiva el adulto pasa a ser un actor activo en el proceso de aprendizaje. Es decir, tiene que aprender cómo ayudar a sus hijos a que eduquen su talento, o alumnos, en el caso de los docentes. Para ello, los adultos debemos erradicar la falsa creencia de que el ser adulto, llegado un momento, no cambia. Es prioritario incorporar el aprendizaje como estilo de vida. “Cuando plateamos los principios de la educación permanente, que es un aprendizaje desde que naces hasta que te mueres, estamos estableciendo que el cambio de conducta puede producirse en cualquier etapa de la vida”, recuerda Martínez-Salanova.

En un mundo tan cambiante como en el que nos encontramos, aprender ha pasado a ser una actividad que vamos a tener que hacer toda la vida. Al menos, José Antonio Marina es de esa opinión. “Estamos en un entorno que cambia muy velozmente y por eso la educación debe mantenerse para que uno pueda adaptarse al entorno. A todos los adultos hay que decirles, vais a tener que aprender toda la vida. Evidentemente, eso requiere un esfuerzo. La experiencia de aprender es muy bonita pero si no se es capaz de valorar el aprendizaje, el proceso del estudio -que es como el entrenamiento para jugador de fútbol o una bailarina- se convierte en una tortura”.

Marina augura que “la nación que sea capaz de desarrollar el talento de su gente aprovechará los recursos que tiene, siendo capaz de gestionarlos en favor de un mayor aprovechamiento de los mismos. Las personas con talento van a ser las que se disputen los puestos de trabajo disponible. Por eso no podemos abandonar a nuestros chicos y chicas hacia una educación mediocre. Tiene que ser una educación de calidad y sabiendo hacia dónde vamos”. Según Marina, los logros académicos y curriculares han dejado paso a las destrezas o también llamadas ‘non cognitive skills‘, conjunto de capacidades que cualquiera debiera incorporar de cara a un futuro que se transforma día a día. “Hay que tener rapidez en aprender, saber aplicar lo aprendido, saber tener ideas nuevas y ponerlas en práctica; y para ello hay que aprender la flexibilidad, la curiosidad, la tenacidad, el saber que se puede organizar la memoria y tomarlo como tarea propia para que se me ocurran muchas cosas”, explica Marina.

Compartir la responsabilidad del proceso educativo es una pieza clave para Martínez-Salanova, no sólo padres y docentes, sino la sociedad en general, los medios de comunicación y el Estado; así como el desarrollo de las emociones no sólo en la educación de los jóvenes si no en el resto de acciones que llevamos a cabo a lo largo de nuestra vida: “Un profesor de Matemáticas debe enseñar también a querer las matemáticas. Lo mismo con el fomento de la lectura Si yo no hago determinadas cosas, difícilmente conseguiré que mis alumnos se emocionen. Sin embargo, si soy una persona que creo en lo que digo, me pongo a su altura, tengo más posibilidades de emocionar a mis alumnos por determinados aprendizajes”.

Cómo desarrollar el talento adolescente. Universidad de Padres (impartido por José Antonio Marina)

Howard Gardner. Teoría de las Inteligencias Múltiples

Enrique Martínez-Salanova. Tecnólogo de la Educación

Aprendemas.com

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