Dificultades en el aprendizaje: formas de actuar y prevenirlas

Falta de atención, de concentración, de motivación, cambios de humor o dificultades para conciliar el sueño son características que se manifiestan en niños y adolescentes y que pueden afectar al aprendizaje. Abordar estas cuestiones requiere que tanto los padres como la escuela se involucren a la hora de estimular la motivación y reforzar la autoestima de sus hijos/alumnos, entendiendo que el contexto en el que crece el niño o adolescente es determinante para su comportamiento.

¿El origen es de carácter neurogenético o está en la ausencia del aprendizaje de determinadas conductas y recursos para afrontar las dificultades y retos diarios? Estas son las posturas cuando se aborda el debate sobre el por qué de determinadas conductas en niños y adolescentes que terminan repercutiendo en su proceso de aprendizaje. El debate también se libra en términos lingüísticos: Trastorno de Déficit de Atención por Hiperactividad (TDAH) o Trastorno Negativista Desafiante frente a “dificultades en el desarrollo” o “problemas de conducta que deben entenderse en el contexto del comportamiento de los niños”.

Según la American Medical Association (AMA), el TDAH -quizás el que haya alcanzado una mayor popularidad- es diagnosticado cuando se observa un comportamiento caracterizado por la falta de atención,

Según la Clasificación Internacional de Enfermedades CIE10 de la Organización Mundial de la Salud, la Perturbación de la Actividad y la Atención se incluye en el grupo de los trastornos llamados hipercinéticos. Siempre según la OMS, esta se desarrolla habitualmente durante los primeros cinco años de vida del pequeño que presenta falta de constancia en las actividades que requieren de la participación de funciones intelectuales y una tendencia a cambiar de una actividad a otra, sin completar ninguna o actividad desorganizada.

La Federación Española de Asociaciones de Ayuda al Déficit de Atención e Hiperactividad (FEAADAH) acoge la tesis que sitúa el origen del problema en una producción insuficiente de los neurotrasmisores dopamina y noradrenalina y vincula su aparición a esos factores biológicos y a otros psicosociales. Junto al TDAH, la federación recuerda otros trastornos asociados: oposicional/negativista desafiante, de conducta, del humor, del sueño, del aprendizaje o la ansiedad por separación.

Marino Pérez, coautor del libro “Volviendo a la normalidad. La Invención del TDAH y del Trastorno bipolar infantil”.

Marino Pérez, coautor del libro “Volviendo a la normalidad”.

En frente se encuentran aquellos que defienden que el TDAH no existe “como diagnóstico o patología que conlleva una alteración neurogenética”. Esta es la postura que defiende Marino Pérez, profesor de Psicología en la Universidad de Oviedo y coautor del libro Volviendo a la normalidad junto a Fernando García de Vinuesa y Héctor González Pardo, donde aseguran que no hay biomarcador que justifique la calificación de trastorno. “No negamos la problemática, sino la patología; no hay base para asociar estos problemas a una causa neurobiológica”.

Edurne Izaguirre, psicoterapeuta con experiencia en sesiones terapéuticas en colegios del País Vasco, erradica la palabra trastorno para hablar de dificultades en el desarrollo: “Cuando estamos hablando de niños y niñas, no se debería de hablar de trastornos de conducta, ya que un trastorno implica una alteración. Es decir, si adquirimos una habilidad y después resulta que esta habilidad es alterada, entonces sí podríamos hablar de un trastorno”.

Izaguirre señala que “al estar sin formar la estructura psíquica no están formados los mecanismos de autorregulación. Los adultos podemos seguir trabajando mientras, por ejemplo, lloramos la pérdida de un familiar cercano, porque sabemos apartarlo y seguir siendo efectivos. Los niños y niñas aún no tienen esa capacidad, por lo que si algo les preocupa les asusta o les es incomprensible afecta a todos los ámbitos de su vida”.

Nuestras actitudes, su ejemplo

A mediados de agosto una cadena de muebles sueca lanzaba un spot que abordaba el cómo los padres y madres educan a sus hijos. En él aparecían diferentes ejemplos de familias en las que los niños aparecían actuando de forma idéntica a como lo hacían sus padres (aprendizaje observacional o por imitación). “Los niños aprenden lo que ven; y, sobre todo, lo que ven en el hogar”, decía el anuncio. El spot, un ejemplo de marketing emocional, mediante una voz en off que se identifica con la madre o el padre cuestiona cómo unos padres imperfectos terminarán siendo el modelo en el que se fijen sus hijos. Esta historia comercial termina dando importancia al “amor del bueno”, restando importancia a los fallos que todos tenemos y mostrando el cambio de actitud como una cuestión de fácil asunción por parte de los adultos. Para terminar, el mensaje “Nada como el hogar para amueblarnos la cabeza”.

Tanto Pérez como Izaguirre ponen el acento en el entorno, sobre todo familiar, para entender actitudes que pueden darse en niños, como puede ser la falta de concentración o el estar realizando distintas tareas a la vez. Los niños son lo que ven. “Los propios padres son hiperactivos y luego queremos que el niño esté atento en clase. Si un niño ve a su padre o madre haciendo varias cosas a la vez, siempre con prisa, también aprende eso. Cuando un niño o niña es tranquilo o reflexivo es porque ha aprendido a serlo”, afirma Pérez. Izaguirre también entiende que “la sintomática de estos niños es reflejo de la sociedad. Vivimos desde la ilusión de que son mini adultos”. Ambos creen que este tipo de actitudes son normales dentro del contexto natural del crecimiento.Clasificarlas de trastorno no es más que etiquetar conductas que, a priori, son normales en los niños y que resultan un problema al contextualizarlas en entornos adultos en los que se exige tranquilidad y silencio.

Elisenda Dalmau, responsable del proyecto Mindfulness, que lleva la técnica del mindfulness o concentración plena al ámbito escolar, propone eliminar esa sensación de piloto automático y conseguir estar más presentes en las acciones que se llevan a cabo. Para ello se llevan a cabo tareas en las que los alumnos -en función de la edad serán grupos más grandes o más pequeños- deben prestar atención al movimiento y a las sensaciones. O a la comida, fijándose en lo que les gusta y lo que nos les gusta, y que reacción tiene ante un alimento u otro.

El abordaje farmacológico de los problemas de falta de atención, hiperactividad o comportamiento impulsivo mediante medicamentos estimulantes como el metilfenidato genera reticencias en los expertos consultados. “La medicación estimulante lo que hace es rebajar la curiosidad para todo, y en principio logra que el niño esté más atento, pero esto sólo soluciona las molestias. No por ello el niño está aprendiendo las conductas de autocontrol que están en el origen del problema. No es un tratamiento que corrige problemas neuroquímicos, sino que es un dopaje”, arguye Marino Pérez. También Edurne Izaguirre se manifiesta contraria a la medicalización y a Jesús Ramírez, psicólogo educativo, le parece una auténtica barbaridad “pero el metilfenidato actúa en los casos de TDA como activador neuronal y en los de TDAH como paralizador, con lo que en ambos casos, los profesores ven resultados en sus alumnos que les agradan”.

¿Qué hacer en casa y en el aula?

Atajar estos problemas requiere de un trabajo tanto en casa como en clase que sea guiado por la experiencia de un profesional. En opinión de Edurne Izaguirre, primero hay que descartar un posible origen neurológico o físico, enfermedades neurodegenerativas, disfunciones auditivas, visuales no detectadas o lesiones de algún tipo que pueden ser consecuencia de otro tipo de enfermedades. Después hay que buscar la causa de por qué ese niño o adolescente presenta esas dificultades para el aprendizaje e identificar si se puede asociar a un acontecimiento específico.

Es importante poner énfasis en la etapa de Preescolar, afirma Izaguirre, dando seguridad a los niños, que confíen en los adultos que tienen a su alrededor y que sepan que tienen su lugar en la clase. Es fundamental dar tiempo al niño para ser y estar. “Vivimos con miedo a las dificultades o a las características negativas. Hay padres que se preocupan porque su hijo de cinco años no sabe leer ni escribir, pero es que ese no es el objetivo para esa edad. Les exigimos cada vez más”.

Dependiendo del caso, esta psicoterapeuta recomienda un número de sesiones de evaluación en la que deberá estar presente, al menos, uno de los padres si el hijo es menor de edad, y se establecerá una serie de objetivos específicos.

Mariano Pérez apunta hacia la planificación de acciones, utilizar la memoria y aprender a parar y esperar. “Se trata de favorecer el aprendizaje auto-controlado dentro de entornos naturales, de forma que el niño o adolescente posea una gran autoestima y pueda afrontar por si sólo los retos y dificultades”, explica.

Según el catedrático, el juego ‘Simón dice’ ofrece de una forma natural tareas idóneas para para mejorar la atención. Así como el juego del Freeze Dancing, un baile rítmico que se realiza en grupo y que en un momento dado mediante una palabra clave los participantes deben permanecer inmóviles.

Los juegos de equipo les enseñan a marcarse metas y a cómo trabajar en grupo.

Los juegos de equipo les enseñan a marcarse metas y a cómo trabajar en grupo.

El fútbol o los deportes en grupo son otra herramienta fundamental  que les ayuda a aprender a esperar, saber que hay límites y que hay que planificar acciones.

Cuando se trata de saber cómo los profesores deben actuar en el aula, Pérez incide en que es aconsejable reforzar al alumno cuando hace las cosas bien, sin sobreexagerar, pero que el niño perciba que el profesor se ha dado cuenta y establezca algún signo de complicidad. Un aspecto en el que coincide Jesús Ramírez que añade la importancia de dedicar un tiempo específico en el que estrechar los lazos y conocer mejor a cada alumno; permitirle que participe regularmente en la clase, buscando que salga a la pizarra si se sospecha que lo va a hacer bien.

De cara a ayudarle a resolver conflictos, Ramírez sugiere que “el profesor le invite a la reflexión sobre sus conductas y establecer relaciones de causa-consecuencia. Otro recurso interesante es entrenarle en resolución de problemas: identificar, definir comprensivamente, proponer soluciones, elegir una estableciendo un plan para ponerla en práctica y evaluar los resultados reflexionando sobre lo que pudo haberse hecho mejor desde el principio”. La motivación es fundamental en el proceso de enseñanza-aprendizaje pero hay que tener en cuenta las habilidades propias de cada alumno y potenciarlas. “En los casos de alumnos con dificultades de atención, se están obteniendo muy buenos resultados los trabajos con las tabletas y sus aplicaciones”.

Aprendemas.com

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